Esta mañana, antes de salir de casa, me sentía culpable por poner trampas a mis nuevos vecinos... les he dedicado un minuto de silencio....y zaca! por ser tan sentida me he ganado un portazo en las narices, en el momento en el que iba a salir, ha entrado mi super vecino, el cura jubilado...
Yo estoy convencida de que mi vecino el super cura jubilado tiene superpoderes, que ha podido verme a través de la puerta y que ha empujado con más ganas para castigarme por no haber ido a misa en.... ¿con qué edad se hace la comunión?, pues eso, tropecientos años.
El caso es que de camino al trabajo se me han ido hinchando las narices, textualmente, y he ido derramando lagrimillas... porque joder! duele mucho... y además he perdido dos euros! con las cosas que podría hacer con dos euros... comprar una gran bolsa de sugus de piña, o irme al super y comprar galletas (que las que me compra mi madre para desayunar no se las comen ni los ratones, comprobado).
Había apostado con mi compañera sobre cuántos ratones aparecerían víctimas de mis trampas, pero deben ser más listos que el hambre porque el queso de mi padre ha desaparecido y no ha caído ni uno, y yo guardando minutos de silencio por ellos... que desagradecidos!
Aunque he de ver la parte positiva, los de la oficina de al lado seguirán saludándome un par de días más, hasta que dé con la fórmula definitiva para cazar a esos orejudos y peludos roedores...

continuará....