GASPAR
Ya tiene tres meses, no para de jugar y me tiene las manos llenas de arañazos.... Pero cuando llego a casa y oigo sus patitas por el pasillo avanzando hacia mí no puedo evitar que se me escape una sonrisa y palabrillas dulces provocando aún más su nerviosismo, el siguiente movimiento es alzarlo en brazos y mientras lo cubro de caricias y besos, él se retiene en mi cuello y en mi nariz para hartarse a lametazos que me saben a gloria.
Se pasa todo el día jugando y cada vez que aprende algo nuevo, lo repite durante horas. Cuando yo no estoy, mi madre me cuenta que Gaspar le pide de vez en cuando un poquito de atención, luego juega solo con sus peluches y duerme, reservando así las energías para cuando yo vuelva... A la noche, salimos a la terraza y cuando se cansa de correr me exige cogerle en brazos y se duerme en mis piernas... qué calorcito más tierno....
No puedo evitar que se me escape llamarle Golfo de vez en cuando (como mi primer perro), pero no creo que Gaspar me lo tenga en cuenta.
Ya tiene tres meses y, aunque parezca poco tiempo ha sido el suficiente para haber hecho unas cuantas trastadas que pasarán a la historia, como cuando se coló en mi estudio, consiguió subir a la banca, se arrimó a la mesa y metió el hocico en el bote de pintura blanca, lo derramó y se tiñó del color, y teniendo en cuenta que es negro como noche cerrada... estuve limpiando huellas durante horas...
Gaspar gaspar....


Mario Hidalga Redondo dijo
¡Qué feliz eres, Ojos de miel!
Saludos
25 Agosto 2008 | 10:20